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Cómo fotografiar láminas para vender
No hace falta estudio, hace falta entender que son dos fotos y no una. Y saber cuál es el error que convierte una foto ambientada en algo inútil, que lo comete casi todo el mundo.
Dos fotos por obra, y hacen trabajos distintos
La plana —la obra recortada sobre fondo neutro— contesta «qué es». La ambientada —colgada sobre un mueble— contesta «cuánto ocupa». Si solo tienes la primera, tu cliente no tiene ninguna referencia de escala, y ahí empiezan las devoluciones por talla.
La plana: luz plana y nada más
- Luz de ventana, día nublado. Es la mejor y es gratis. Sol directo te da brillos y sombras duras.
- La obra perpendicular a la cámara. Si el móvil está inclinado, los lados salen en trapecio. Cámara al centro exacto de la lámina.
- Sin cristal. Fotografía la lámina antes de enmarcar. El cristal refleja la habitación entera.
- Fondo blanco o crudo liso. Cartón pluma de una papelería basta.
Y luego lo que de verdad importa: que el color de la foto sea el del papel. Fotografía la lámina impresa al lado de una hoja blanca, y al editar ajusta hasta que esa hoja salga blanca. Es un balance de blancos casero y acierta más que cualquier filtro.
La ambientada: la que vende la talla
No hace falta un estudio. Hace falta una referencia de tamaño reconocible: un sofá, una consola, una puerta, una silla. Sin eso, la foto ambientada no sirve para nada porque sigue sin haber escala.
Una pared vacía con el cuadro centrado no es una foto ambientada. Si no hay ningún objeto de tamaño conocido, el cliente sigue sin saber si mide 30 o 90 centímetros.
Y si vendes varias tallas de la misma obra, la trampa: no uses la misma foto ambientada para todas. O haces una por talla, o el cliente ve el mismo tamaño aparente para el A4 y para el metro.
Mockups: cuándo sí y cuándo no
Una plantilla de mockup —la obra insertada digitalmente en una habitación de catálogo— es rápida y barata, y tiene dos problemas. Uno, que la misma habitación la usan otras cincuenta tiendas. Dos, y más grave, que casi nunca respeta la escala real: el cuadro se ajusta al hueco de la plantilla, no al tamaño que has vendido.
Como recurso de arranque, valen. Como único activo visual, acaban costándote en devoluciones.
La forma que no falla con la escala
Ninguna foto, por buena que sea, enseña la obra en su pared. La realidad aumentada sí: el cliente apunta con el móvil y la ve colgada a tamaño real, con el marco que le vas a enviar. Es la única imagen que no tiene problema de escala, porque la escala la pone su habitación.
La imagen que no puedes hacer tú
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